reconoce sus orígenes

El dios Pato tiene una iglesia

La iglesia patólica le rinde culto a un pato de goma amarillo y su sumo pontífice es un bufón que ha convertido una religión de risa en un asunto serio.

Publicado: 2014-03-14

Es domingo al mediodía y una larga cola de padres con niños, señoras con las bolsas de la compra, jóvenes y curiosos esperan a que se abran las puertas del Templo Patólico ubicado en el barrio de Lavapiés, en Madrid. Dentro no deberían caber más de 20 personas pero se apiñan una treintena y algunas más se quedan en la puerta. Suena Mahler a todo volumen y Leo Bassi, que minutos antes pidió disculpas por la afonía (anoche tuvo una celebración) sube al altar mayor con su traje de sumo pontífice y salpica agua-patólicamente-bendita a los presentes con un cepillo para limpiar inodoros.

Respetemos al dios Pato, dice Leo Bassi, el cómico ítalo-norteamericano que empezó a actuar en un circo en Australia a los 7 años y desde entonces su trabajo y misión en la vida ha sido hacer reír y ser crítico con la derecha política y la iglesia católica.

¿Por qué un pato? “Porque tiene la misma credibilidad que cualquier sacerdote. Además, seguro Jesús, que supuestamente existió hace 2,000 años aunque yo no sé si realmente ha existido, era una buena persona, pero hay millones de buenas personas. Yo veo a la religión más con una intención colonialista. Yo no quiero fieles. Odio a los fieles”.

El templo está decorado con las fotos de los santos del patolicismo, personajes históricos como Edith Piaf, Groucho Marx, Picasso, Miles Davis o Marie Curie (“La única razón por la que están aquí es porque me gustan y me han hecho ser la persona que soy”). También hay patos por todos lados. Pequeños altares con patos de goma, de cerámica, de cristal o de plástico. El 85 por ciento de todo lo que hay en esta capilla de 36 metros cuadrados fue encontrado en los contenedores de basura del barrio. Luego todos estos desperdicios fueron transformados por un grupo de vecinos y amigos, entre los que se encuentra algún escenógrafo del cercano Teatro Valle Inclán.

Las misas que Bassi oficia siempre tienen como tema central un personaje histórico, alguien que haya hecho algún bien a la comunidad o que simplemente esté en su santoral, como podría ser Bartolomé de las Casas o el Jefe Seattle, líder de las tribus suquamish y duwamish. Aunque los feligreses, más que escuchar la historias de sus héroes, vienen por el hilarante sermón contra el gobierno, la crisis, las estafas inmobiliarias, la corrupción política y la iglesia.

“Yo lo hago por dos cosas”, dice Bassi al terminar la misa, “primero porque quiero divertirme y segundo porque creo que en las misas se puede hablar de algo más profundo y en nuestra época hay que recordar ciertas cosas esenciales, como la igualdad, el hecho de ser dueños de nuestros destinos y de respetar a cada persona. Tú no puedes imponer una religión, pero sí abrir un espacio público donde todos tengan voz. Tanto quienes crean como quienes no crea en nada”.

La iglesia patólica reproduce ciertos ritos de la iglesia católica, como los matrimonios, aunque en este templo pueden ser heterosexuales, homosexuales o grupales. También las misas, los bautizos (a mayores de 18 años) y las procesiones por el barrio. Sin embargo, Bassi critica todo aquello que parodia. La iglesia y “todos quienes viven rodeados de oro y de hipocresía. Yo no sé cómo se puede amar eso, la verdad. El nuevo jefe de los legionarios dice ahora que Marcial Maciel era un hombre íntegro, ¿y todos esos niños abusados en nombre de Dios?”.

¿Por qué tenemos que regirnos por el año de nacimiento de Jesús?, se pregunta, y a continuación explica el calendario chino, el calendario israelí y su propio calendario. Para la iglesia patólica vivimos en el año 74,004 porque hace cuatro años se descubrió la primera obra de arte. “La primera pintura rupestre es de hace 74,000 años y yo me siento más cerca de alguien que decide pintar un antílope y con ello crea una obra de arte. Para mí, eso es el origen”.

Broma, chiste o provocación, Bassi siempre ha sido un personaje incómodo (hace siete años le pusieron un artefacto explosivo en el teatro donde presentaba una obra que criticaba a las sectas y el fundamentalismo), pero tiene muchos adeptos y cada fin de semana la iglesia patólica se va llenando de más gente que quiere “relativizar con alegría”. Y Bassi, feliz. Hacer reír le parece un asunto sagrado.


Escrito por

Verónica Ramírez Muro

Periodista. Vive en Madrid. La mayor parte del tiempo piensa en comer. El resto, en encontrar historias como las que leerá en esta página.


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