reconoce sus orígenes

De la sala de tu casa a los teatros del mundo

Publicado: 2014-02-19

Las obras del argentino Claudio Tolcachir han obtenido un extraordinario éxito de público y crítica. Su teatro intimista, lleno de personajes que hacen todo mal, nació durante “el corralito”, en la sala de su casa en Buenos Aires.

Además de recorrer decenas de festivales de teatro en el mundo, su primera obra, La omisión de la familia Coleman, lleva más de ocho años en cartelera y su última obra, Emilia, se ha estrenado en Argentina y España al mismo tiempo.

Tolcachir es un hit, algo bastante inusual en el teatro independiente. ¿Qué tiene su teatro que a todos fascina? Le hicimos unas preguntas por correo y esto fue lo que nos contestó.

foto: revista bla


Empezaste en el salón de tu casa y ahora, este mes, tus obras se pueden ver en al menos tres países (Perú, Argentina y España), ¿cuál crees que ha sido la clave del reconocimiento internacional de Timbre 4?
Fue una maravillosa sorpresa el recorrido que vivimos con nuestras obras. Yo escribo y dirijo buscando un teatro que me conmueva, que me incomode y también me atrape. Que se produzca vida en el escenario. Por supuesto uno no puede ni debe focalizar la creación en la respuesta del público. Se trata de ser honestos: hacer lo que se necesita y se quiere hacer. Por suerte esa percepción fue compartida por diferentes públicos en distintos lugares del mundo.
Siempre hablas en plural, nosotros, Timbre 4, ¿cómo es trabajar en cooperativa?
Es la forma más cómoda y justa para mí porque respeta a todos sus integrantes y al mismo tiempo los involucra con el proyecto. Nos obliga a tenernos en cuenta, a escucharnos. A ponernos de acuerdo. Compartir decisiones, pérdidas y ganancias. Es una responsabilidad compartida. 
No te consideras dramaturgo porque tus obras también nacen de la improvisación y del aporte de los actores, aunque luego seas tú quien las escribe. Sin embargo, tu última obra, Emilia, la has escrito solo, ¿cómo has vivido ese proceso?
Fue una experiencia diferente, difícil, porque yo necesito y me nutro de lo grupal. No veía la hora de trabajar con los actores. De todas formas, tanto en un texto mío como en el de otro, creo que durante los ensayos de alguna manera se reescriben las obras. Se llena de las particularidades de quienes las interpretan. Es otra forma de improvisación donde el gesto es tan sólo una parte de lo que se cuenta. Y no siempre la más importante.
Emilia se ha estrenado al mismo tiempo en Argentina y en España, ¿sientes que varía mucho la obra al ser interpretada por diferentes actores?
Son absolutamente distintas justamente por lo que decía antes. Son otros cuerpos. Otras voces y otras historias que sería muy tonto no aprovechar. Las dos por suerte me encantan y me sorprenden.
¿En cuál de los tres oficios que practicas  (escritor, director o actor) te sientes más cómodo?
En la docencia, sin dudas. Es la guarida, la casa donde uno se alimenta para salir al mundo renovado.
¿Cuál es la omisión de la Familia Coleman? ¿Qué les faltó para convertirse en esa familia tan disfuncional donde todos cumplen un rol completamente diferente al que les corresponde?

Conexión, solidaridad, escucha. El núcleo de la omisión es el egoísmo y la cobardía de no enfrentar las situaciones. Yo, igualmente, no creo que existan familias libres de conflictos. Sólo es que en ésta todos están a flor de piel. Sus personajes llevarán su mecanismo de supervivencia a donde vayan.

actores de la omisión de la familia coleman

¿Qué sientes cuando un personaje salido de tu imaginación se materializa en escena?
Es la mejor aventura, la alquimia del nacimiento. Descubrir el camino diferente que necesita cada actor para encontrarse con ese personaje. Lograr que realmente viva allí y no sea una representación. Los actores son los verdaderos magos imprescindibles del teatro. 
A pesar de las desventuras que viven muchos de tus personajes, tus obras contienen mucho humor, ¿confías en el humor como una manera de decir las cosas más crudas?
Depende de cada historia. El humor de mis obras se acerca más a lo patético que al gag. Es el descoloque que viven lo que produce el humor en las situaciones.
También has dirigido obras ajenas de grandes dramaturgos como Miller, Orton o Letts, ¿qué escritores sientes que han influido más en tu obra?
Mis favoritos son Beckett, Chéjov, Albee, Veronese, Discépolo. Todos ellos hablan de alguna manera de lo mismo. Y eso de lo que hablan me conmueve profundamente.
¿Cuánto de ti hay en cada uno de tus personajes?
¡Todo! Los comprendo y los amo especialmente en sus bajezas. Sus mezquindades. Nacen de mis zonas más secretas, de mis miedos y llevan adelante muchas veces esas acciones que yo no quisiera cometer en mi vida pero que existen.
¿Qué requisitos reúne para ti un buen actor?
Ser humano, tener vida. Ser libre para poder arriesgar y descubrir, ser disciplinado y, fundamentalmente, ser un buen compañero. Alguien con quien me den ganas de compartir lo que más amo en la vida.
¿Qué tipo de teatro te gusta ver o te gustaría ver más en escena?
Lo que sea, donde sea, pero que esté vivo. Que les importe a quienes lo hacen. Que les signifique algo. Me encanta ver, sobre todo, lo que jamás se me ocurriría hacer a mí.
¿Cuál es tu siguiente proyecto?

Por ahora me dedico a  descubrir qué es lo que tengo ganas de hacer.


(Publicado en La Lupe)


Escrito por

Verónica Ramírez Muro

Periodista. Vive en Madrid. La mayor parte del tiempo piensa en comer. El resto, en encontrar historias como las que leerá en esta página.


Publicado en