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víctor gloger

Cocina por la paz

Un cocinero intenta reconciliar a palestinos e israelíes a través de la gastronomía

Publicado: 2013-10-29

Víctor Gloger empezó a cocinar en Tel Aviv hace 20 años, cuando el pulpo lo regalaban en el mercado porque no sabían cómo comerlo y los langostinos eran del tamaño de la palma de su mano. En ese entonces, Tel Aviv no era la ciudad cosmopolita que es hoy. Gloger, además de cocinar, soñaba con un mundo mejor.

En el año 2000, cuando la Segunda Intifada, Gloger tuvo que contratar a un equipo de seguridad para custodiar el ingreso y salida de los comensales de su restaurante, Chloely´s. Sin alguien armado en la puerta, nadie entraba. La ciudad se había convertido en una balacera constante, las bombas estallaban en los autobuses, cualquiera de sus hijas podría haber estado en ese autobús. O, tal vez, en la esquina donde la última bala perdida asesinó a un civil. Había que hacer algo: un proyecto que reconciliara a palestinos y judíos. “Me dije a mí mismo que esto no iba a ningún sitio. Los dirigentes son los que deciden, nosotros no. Pero yo quería aportar algo, hacer que las cosas cambiaran”. Y él, ¿qué sabía hacer? Cocinar.

gloger en su restaurante

Le hablaron de Darna, un restaurante de gran prestigio en el centro histórico de Ramala, en Palestina, y de un cocinero que ofrecía un menú de platos típicos y mediterráneos. Llamó por teléfono a Osama Khalaf, y le dijo que le gustaría conocerlo, conversar con él sobre distintas maneras de hacer la paz a través de la cocina. La cita se llevaría a cabo en el American Colony, en Jerusalén, un hotel que en sus orígenes albergó a un árabe y su harén de cuatro esposas y luego a una comuna de norteamericanos y suecos que fundaron una sociedad utópica cristiana. En 1902, alguien le pidió a esta sociedad que alojaran a un grupo de personas y poco a poco se fue transformando en el hotel de lujo que es hoy. En este oasis de paz que, para más neutralidad hoy regenta una empresa suiza, se han celebrado prácticamente todas las tentativas de paz entre palestinos y judíos. La de Gloger y Khalaf se sumaba a la lista.

Los israelíes tienen prohibido viajar a Ramala. Es un acuerdo tácito. El peligro puede ser de muerte porque nadie garantiza la seguridad de un judío en territorio palestino. Víctor es pelirrojo. Se le ve hasta en la noche más cerrada, pero quería ir, desafiar los controles, intentar pasar desapercibido y correr el riesgo de ver cómo era Ramala. Una vez allí, además de enterarse que, paradójicamente, el supermercado que más vende en territorio palestino es israelí, se dio cuenta que judíos y palestinos, hermanos al fin y al cabo, se dejaron de mirar hace tanto tiempo que ya no se conocían. “Desde el 95 hay una separación total y sólo se miran a través del prisma del conflicto. Los palestinos le temen al ejército israelí y nosotros vemos a los soldados como a nuestros hijos. Son niños, tienen miedo. Nadie hace nada por educar por la paz. Las iniciativas son de personas comunes, gente que se le ocurre hacerlo. Nosotros necesitamos de personas que nos ayuden a entendernos y no a crear más antagonismo”.

A esta alianza entre Khalaf y Gogler se sumó el cocinero español Samuel Perea, también dispuesto a desarrollar un proyecto en el que, a través de la cocina, se busque la conciliación. Así nació la ONG Cocina por la Paz, que organiza jornadas donde la gastronomía mediterránea, a través de sus parecidos razonables o a veces coincidencias rotundas en los diferentes países que la practican, se convierte en un ejemplo de convivencia y unión.

Para Gloger, la solución al conflicto pasa por el compromiso y por reconocer el derecho del otro: “Y el derecho del otro es vivir independientemente”. Por supuesto, sabe que no es fácil, y lo dice mientras ausculta un bogavante e imagina qué podría hacer con él fuera de carta. Los políticos se sacan los ojos, las sociedades se polarizan y flota la necesidad de que algo debería moverse, aunque sea pequeño y parezca insignificante: muchas personas pequeñas realizan acciones pequeñas en lugares pequeños y luego resulta que transforman el mundo.

fotos: daniel bar on


Escrito por

Verónica Ramírez Muro

Periodista. Vive en Madrid. La mayor parte del tiempo piensa en comer. El resto, en encontrar historias como las que leerá en esta página.


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