reconoce sus orígenes

“El teatro es uno de los pocos espacios donde te enfrentas a la verdad”

Publicado: 2013-07-04
¿Quién le teme a Jimena Lindo? Los mediocres, los que no se atreven a dejarse llevar por la imaginación y la intuición, los que no dicen lo que piensan, los que sólo leen Harry Potter. El rasgo que mejor define a Jimena es una carcajada capaz de abrir el cielo e iluminar la vida, o el escenario, con esa lucidez, talento y vitalidad que la han convertido en una de las grandes figuras del teatro nacional. Aquí, su método.

¿Crees que el teatro nacional pasa por un momento de esplendor?
Yo no siento que estemos en una época de esplendor. Siento que en los últimos años hemos tenido una visión más empresarial del teatro: ha intentado llegar a más gente y los actores ganamos más en las temporadas. Aún así, no podemos vivir del teatro todavía.
En general, ¿cuál es la situación actual del actor?
Yo siento que el trabajo de un actor, en este momento, no es sostenible. Y es preocupante. A mí me preocupa que no podamos vivir del teatro todavía. En la televisión no hay suficiente ficción para los actores. También se podría enseñar pero, de alguna manera, siempre es pluriemplearte y trabajar como un malabarista para poder llegar a fin de mes. Yo no veo el panorama tan alentador en este momento. Han pasado cosas extraordinarias, como haber tenido un festival de teatro el año pasado y ver tantas cosas de fuera. Vinieron actores potentes gracias a la gestión de Marisol Palacios, pero yo creo que todavía hay mucho camino por recorrer y siento que tenemos que captar mucho más público teatral. El público que va al teatro es siempre el mismo.
¿Cómo ves a las nuevas generaciones de actores?
Se ha abierto una Facultad de Artes Escénicas, más talleres, la escuela de Bruno Odar, de Sergio Galliani, de Alberto Isola, Roberto Ángeles o Leonardo Torres. La gente se interesa más en generar educación y eso me parece importantísimo. En mi época existían algunos talleres y escuelas, el TUC, pero uno se hacía su escuela como podía. Ahora, si quieres ser actor, tienes donde educarte. Yo no creo que sea absolutamente necesario entrar a una escuela, uno se va formando de acuerdo a la inclinación que tiene en algún momento. Haces un taller de clown, un taller de danza, expresión corporal y, de pronto, vas amalgamando todo eso. Pero, sobre todo, está la vida. Creo que vivir y tener experiencias es absolutamente necesario para un actor. Un actor con experiencia de vida tiene más posibilidad de llegar a diferentes personajes.
Antes podías no asistir a una escuela, ser autodidacta y convertirte en un actor profesional e, incluso, exitoso, pero hoy existe una gran competencia…
Yo siento que antes todo era más pequeño y sí había alguien capaz de llamar la atención, realmente llamaba la atención. En España levantas una piedra y sale un actor. Aquí está empezando a pasar eso: hay muchos actores y, lógicamente, no todos vamos a tener la oportunidad de hacer grandes personajes en el teatro, ni siquiera llegaremos a tener el trabajo que queremos o podremos vivir de esto.
Vittorio Gassman decía que el teatro es una enfermedad. El que ya contrajo el mal tendrá que aprender a vivir con él, pero mucho cuidado en transmitir este “mal” a los demás. ¿Para ti el teatro ha sido más una enfermedad o una salvación?
Yo creo que me debe haber salvado de varias cosas. Por qué hago teatro o por qué lo escogí, no lo tengo claro, pero creo que era lo único que podía hacer y donde me encontré como persona. Yo empecé haciendo ballet, pero cuando entré al teatro, al primer teatro de mi vida a los 13 años, me sentí tan cómoda que allí me quedé y allí voy a estar, quién sabe, a lo mejor siempre.
Dices que la experiencia de vida es importante al momento de actuar pero, cuándo te enfrentas a un nuevo personaje, ¿qué porcentaje es oficio y qué porcentaje inspiración?
Yo creo mucho en la inspiración, pero que la inspiración te encuentre chambeando. Cuando empiezas a trabajar hay algo en tu imaginación que empieza a despertarse, yo soy una ferviente creyente que tienes que hacerle caso a todo lo que se te ocurra. Si se te cruza por la cabeza la imagen de Jesucristo, le tienes que hacer caso y buscar imágenes y leer sobre el tema. Tu cabeza, tu cuerpo y tu espíritu te están diciendo que es por allí. Y creo que, si uno le hace caso a su intuición, este trabajo siempre va a sorprenderte y siempre vas a encontrar cosas maravillosas. El oficio, por supuesto también importa. Si tienes quince años trabajando, ya sabes cómo pararte en un escenario, sabes decir la letra, de alguna manera siempre vas a ser creíble. La cosa es ir mucho más allá.
Peter Brook dice que para que el teatro exista sólo hace falta un hombre atravesando un espacio vacío y otro mirándolo…
Y decir tu texto claro y no chocarte con los muebles también forma parte de la actuación pero, para mí, cada personaje te toca en un momento de la vida por algo.
Entonces, ¿tú ves el teatro como algo azaroso, cósmico, fruto de las coincidencias?
Totalmente. Tanto en la vida como en mi trabajo. Si no la llevo a ese nivel, no me interesa.
Dejar la vida, o el teatro, en manos del destino…
Dejar las cosas en manos de la imaginación y de la intuición. Por supuesto que hay un trabajo racional: estudiar la letra, revisar mis acciones o saber qué estás haciendo en cada momento. Pero hay un espacio que tú no controlas y eso lo empecé a sentir el año pasado cuando hice Electra, una tragedia griega tan conectada con la tierra, con el rayo, con el cosmos. Siento que los personajes te enseñan algo en ese momento de tu vida. Una de las chambas, además de pasártelo bien, es ver qué te está enseñando y por qué. Esa es una parte de mi trabajo que me apasiona.
Has interpretado a la Masha de Las tres hermanas, a Priscilla de Homebody Kabul y ahora vas a ser Nora, de Casa de muñecas, ¿cuál de todos los personajes que has interpretado te ha enseñado más?
Yo creo que, por el momento que estaba atravesando en mi vida, por el camino que ya había recorrido, Electra es el personaje del que más he aprendido y el que más he disfrutado porque estaba totalmente abierta a él. Antes he hecho personajes lindos, claro.
¿Sientes que te quedan muchos personajes por hacer?
Yo siento que estoy empezando mi camino. Llevo 15 años trabajando, recién he logrado entender por qué hago esto, para qué lo hago, qué es lo que me gusta de esto.
¿Y por qué lo haces?
Por no parar de aprender, estar en constante movimiento, por la sensación de que vas hacia algún lado, nunca tengo la sensación de estancamiento y creo que es porque aprendo sobre mí y, al aprender sobre mí, aprendo de otros seres humanos. Para llegar a un personaje tienes que estar muy abierto para entenderlo y encontrar las coincidencias contigo. Yo siento que eso te hace más humano y te conecta más con las demás personas. He escuchado millones de veces que los actores somos egoístas y no dejamos de mirarnos el ombligo, yo creo exactamente lo contrario. Al estar todo el tiempo conectados con una persona diferente, al intentar entenderlo para encarnarlo, intentar encontrar a esa persona que habita en nosotros mismos, creo que estamos mucho más abiertos a entender.
Los actores mantienen viva la palabra, son los guardianes del lenguaje, ¿no crees que sólo por eso las obras de teatro merecerían mayor afluencia de público?

La gente no quiere ir al teatro porque no quiere escuchar la verdad, no quiere escuchar a gente diciéndose la verdad en el escenario. Yo me siento más de verdad en el escenario que en la vida porque en el teatro estás. Todo el tiempo. Lo grandes gurús te dicen: “vive el momento, vive el presente”. Y es tan difícil. Pero en el teatro no te queda otra más que estar, estar, estar y decir la verdad. Siempre, aunque estés mintiendo. El teatro

es uno de los pocos espacios donde te enfrentas a la verdad, a la palabra dicha de verdad.

¿Sientes que la ficción es necesaria para entender mejor la realidad?
Yo la necesito. Yo creo que estamos en momentos bien críticos. Mi mamá, que es una ratona de biblioteca, me enseñó toda la vida que leer era fundamental y, aún así, creo que no he leído todo lo que debería. Uno necesita la ficción y necesita la poesía porque te conectan. Pero la gente no quiere estar conectada con uno mismo, quiere estar conectada con el exterior a través de todos esos aparatos que te mantienen hacia afuera. Te encuentras con un chico joven y no ha leído más que a JK Rowling y El señor de los anillos. A su edad por lo menos habíamos leído Demian, La metamorfosis o El guardián entre el centeno. Hay gente que dice que está bien, que es una manera de leer, pero no es así porque allí se quedan, en Harry Potter. Creo que estamos en crisis, no nos interesa conectarnos, no nos interesa aprender. Siento que eso afecta al teatro porque la gente no tiene ganas de ir a “aburrirse” al teatro y eso nos afecta a todos: a escritores, poetas, teatreros, músicos…
¿Sueles investigar sobre personajes que te gustaría interpretar?
Me encantaría, pero no soy tan chancona. Cuando no estoy haciendo nada estoy con mi hijo rascándome la panza, siendo mamá de verdad, leyendo. He aprendido a aprovechar mi tiempo libre. Este trabajo es muy absorbente y, cuando estás en un proceso, es un trabajo de 24 horas. No paras. Estás todo el tiempo imaginando, pensando, investigando. Cuando no estás en procesos, no te metas en procesos. Aprovecha en desconectar y con un hijo, mucho más.
¿Qué gran personaje no has hecho todavía o cuál te gustaría interpretar?

Hay varias tragedias griegas que me gustaría hacer. Medea, aunque ya la hizo Sofía Rocha, por ejemplo. Hay personajes históricos alucinantes, como Flora Tristán, aunque tampoco soy de las que pienso todo el día en qué personaje quiero hacer. Quizás debería, porque uno propicia. Pero, como ya dije, los personajes caen por algo en tu vida.


Publicado en La Lupe


Escrito por

Verónica Ramírez Muro

Periodista. Vive en Madrid. La mayor parte del tiempo piensa en comer. El resto, en encontrar historias como las que leerá en esta página.


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